viernes, 13 de noviembre de 2015

MIRAR, ESCUCHAR Y, SOBRE TODO, SENTIR

En un mismo trekking hay paisajes muy diferentes. Entre Thuman y Timure nos movimos entre laderas sembradas de cereal mientras bajábamos hasta el río Bhote Koshi Nadi. Timure está muy cerca de la frontera con Tibet, pero toda esta zona que está a ambos lados del río es tierra y piedras; mucho más después del terremoto. Sin embargo, en cuanto volvimos a coger un poco más de altura, camino de Briddhim y Kangjim, hay unos preciosos bosques en los que abundan los rododendros de gran tamaño en estas latitudes. El rhododendrum arboreum es un arbusto que puede alcanzar 18 metros y que da la flor nacional del Nepal, que va desde el rojo-granate al blanco, lali gurans en nepalés, florecen en marzo-abril.







Otro de los atractivos de los caminos son las estructuras religiosas: chörten (construcción budista tibetana en forma cónica o cúbica), maani (muros de piedra en los que se depositan pizarras o piedras talladas con el canto u oración budista  tibetana –mantra-  que reza om mani padme hum, que significa “salve a la joya del loto”, o lo que es lo mismo, “salve a la máxima divinidad”); estructuras ambas que hay que sobrepasar por la izquierda, según la tradición budista. Muchas veces los chorten están en lo alto del camino, cuando cambia la vertiente, con estandartes y banderas de oración. Son el sitio perfecto para descansar y echar fotos.







Camino de Briddhim atravesamos también zonas de caña de azúcar, que nos ofrecieron como tentempié en una de las paradas. Cortaron una en trozos utilizando un cuchillo arqueado o khukuri, originariamente propio de los Ghurkas, pero que se usa en todo Nepal. Los Ghurkas fueron soldados  del ejército de “su graciosa majestad”, la Reina de Inglaterra. Estos soldados, de raza gurung, llevaban en su uniforme el tradicional  khukuri de sus tierras y que les servía para degollar a sus víctimas. A Alejandro le faltó tiempo para negociar con la dueña del khukuri y comprarlo a un precio conveniente para ambos. Si la montaña se conserva, es gracias a los montañeses, una especie en peligro de extinción, aquí y en cualquier otra montaña. Por eso, el principal objetivo de este proyecto han sido los montañeses.





Este tipo de interacciones, hablar con la gente, preguntar sobre todo lo que encontramos, disfrutar de los bosques, los ríos, los valles, y admirarnos con las cosas más simples: una ventana, el ruido del agua, las flores, cómo baña una madre a su bebé...es lo que te llevas en el corazón y siempre recuerdas. Que no se trata ni de lo alto que se llega, ni de lo difícil que pueda ser, sino de lo que llegas a sentir y disfrutar.

Esta magia y encanto que nos embargaba se alteró cuando nos acercamos a la frontera con Tibet (que no China), al ver "el sello" de los chinos que, está claro, no entienden de montañas ni de montañeses.





Como algunos lectores del blog me han dicho que recupere alguna entrada más de las que escribía el Dr. Morandeira cuando veníamos de expedición, transcribo la del viernes 22 de abril de 2011 que va en la línea de lo que hemos tratado hoy:



MONTAÑAS, MONTAÑEROS (O LO QUE SEA) Y MONTAÑESES                       

                  La verdad es que, después de toda una vida subiendo montañas, asumo todos los motivos posible que puedan alegarse para hacerlo: desde el famoso "porque están ahí" de Mallory, hasta los que alegan que lo hacen “porque está de moda y es guay”, pasando por filósofos , chamanes de la estética, gurús de la naturaleza, y adoradores de body y musculito varios. Incluidos los catadores de horizontes y los degustadores de chuletas.
                  En realidad, tengo muy claro que cada uno es muy dueño de echarse al monte cuando quiera y disfrutar de él como le plazca, siempre que respete el medio y no importune a los demás, ni les haga cargar con las consecuencias y efectos colaterales de sus actuaciones, aunque sean indeseados por desconocimiento e ignorancia. A los únicos que no trago es a los intransigentes, los divinos y los dogmáticos.
                  Personalmente, empecé a subir montañas por una simple cuestión familiar: la familia de mi madre, de Fuendejalón y del Campo de Borja, solía subir todos los años a Moncayo en razón de una vieja tradición de razones socioculturales, religiosas, deportivas, gastronómicas y un largo etcétera, que llenaba el asunto de matices y motivaciones. Así que a los 7 años, subí por primera vez a Moncayo que de ese modo se convirtió para mí en la madre de todas las montañas. A la que he subido más de cien veces y sigo subiendo un par de ellas al año, mientras me embargan un millón de recuerdos y emociones. Soy, lo digo y lo mantengo, un montañero moncaíno al que aquella primera ascensión le gustó tanto que, desde entonces, no ha parado de recorrer las montañas de todo el mundo. Pero insisto en que mi primer contacto con la montaña fue algo completamente natural, impregnado de las costumbres de la familia y en una montaña humanizada. No es de extrañar, por tanto, que lo primero que me enseñaran, fuese que lo más importante que hay en la montaña son sus habitantes; o sea, los montañeses, sin cuyo legado la montaña no significaría nada.
                  Ese humanismo esencial con el que hice mis primeras aproximaciones a la montaña, se vería luego reforzado por mi padre, un santiagués cuyo galleguismo irreductible le haría un día decirme al pie del Castillo de Trasmoz, a propósito de sus brujas, que a él con eso le pasaba como con las meigas de su tierra, que no creía en ellas, pero que “haberlas hailas”. Y además, estaba claro que “cada uno es él mismo y quienes lo habitan”. Y vaya usted a saber quiénes habitaban a esas gentes que vivían o se aventuraban por “d´as corredoiras d´as montañas”.
                  Andando el tiempo, y también por tradición familiar, me hice médico y eso terminó de marcarme del todo. Porque de nuevo, según mi padre, la misión de todo buen médico era seguir el ejemplo de Jesucristo y “pasar por el mundo haciendo el bien y curando enfermos”. Y como el enfermo es un ser humano, había que ser humanista para comprenderlo en sus fenómenos anímicos más íntimos. Así que yo, que aunando mis dos grandes aficiones, la medicina y la montaña, veía seres humanos enfermos por esas montañas del mundo, empecé a interesarme por ellos. Por cómo pensaban, en qué creían, que respetaban, qué esperaban de la vida, etcétera, etcétera. Y así me hice una idea de la complejidad humana del arraigo a "su casa", sus tradiciones, y sus tierras, algo totalmente connatural a ese ser humano al que llaman "montañés" y que tantas similitudes guarda, independientemente de su religión, su lengua, su raza, o el lugar del mundo donde habita.

                  Hoy, sigo yendo a las montañas como siempre, más que con el reto de subirlas con el ánimo de admirarlas paseándome por ellas. A veces, me siento junto a un camino y veo pasar por ellas las hordas de sus nuevos visitantes, ansiosos de riesgo y aventura, de gloriosas conquistas, de retos estúpidos que, si alcanzan, entienden como honor y gloria. Y lo hacen a toda prisa, sin enterarse de por donde pasan, sin disfrutar de la belleza del paisaje, sin hablar con los montañeses ni conocer su historia. Y la verdad es que, cómo he dicho al principio, a estas alturas asumo todas las motivaciones para subir montañas; pero qué quieren que les diga: la mayoría de quienes lo hacen, me dan pena.







jueves, 12 de noviembre de 2015

EL SENTIDO DE LA VIDA


Para ejercer la medicina y la enfermería, profesiones humanistas, hace falta tener vocación y saber escuchar. En el sentido de “escuchar”, recuerdo la anécdota de Chweninger, médico, y su paciente, el Príncipe Otto von Bismark, quien no quería responder a las preguntas de su médico por falta de tiempo y le ordenó continuar con la exploración sin mediar más preguntas, a lo que Chweninger respondió: Vuecencia debería consultar con un veterinario porque éste no pregunta nada a sus enfermos. Y en lo que respecta a la vocación, tengo que remitirme obligadamente a las palabras de Don Gregorio Marañón. La vocación mueve la eficacia verdadera de los hombres. (…) Las vocaciones son de dos categorías. Las vocaciones de amor, que son únicas, intransferibles y desinteresadas. Y las vocaciones de querer, que pueden ser múltiples, que cambian de sentido y que son, por nobles que sean, interesadas. Hablando de la vocación médica, que es la mía, recomiendo la lectura de los “Consejos de Esculapio”, de los que reproduzco sólo el último párrafo: Piénsalo bien mientras estás a tiempo. Pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud; si sabiendo que te verás sólo entre las fieras humanas, tienes un alma lo bastante estoica para satisfacerte con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, con la faz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte: SI ANSIAS CONOCER AL HOMBRE, penetrar todo lo trágico de su destino, entonces HAZTE MEDICO, HIJO MIO. Lo que significa que la medicina tiene que ser humanista.



Tuve la suerte de compartir con el Dr. Morandeira grandes experiencias en Nepal, de vida y profesión. Codo con codo atendimos a muchos pacientes durante las expediciones, principalmente nepaleses; algunos casos, complicados; pero con él nada era imposible. Era un médico y cirujano entregado a sus pacientes allí donde estuviera. Y así se le recuerda entre los sirdars y porteadores que lo conocieron. Esta vez he contado con la colaboración de una médico de familia, Marta, y de dos enfermeras, Eva y Lucía. Todas ellas con una gran vocación de amor por los demás. Cuando Pedro edite los vídeos, podrán verlas en acción, cómo han estado pendientes de todos, solucionando los problemas que se han presentado, repartiendo alegría por donde han pasado. Ni una queja, ni una mala cara, ni un requiebro ni en los momentos de mayor "presión asistencial", ni cuando sucias y cansadas de una dura jornada de ascensión, les pedían asistencia. Han tenido una sonrisa para todos.



El trabajo desarrollado en el distrito de Rasuwa, al norte de Kathmandu, no ha sido fácil; pero sí altamente gratificante y, por supuesto, aleccionador. Desde el punto de vista de la “práctica médica”, es evidente lo beneficioso que llega a ser, más que la magnitud del “acto médico” que hayamos podido realizar,  la atención humana que brindamos a personas que han sufrido un trauma del que todavía no se han recuperado. Personas que están a varios días de camino a pie de un hospital o consultorio médico para una asistencia que, la mayor de las veces, no pueden ni pagar; lo mucho que tenemos en occidente y lo poco que se aprecia. 



Si la Medicina es vocacional, todavía lo es más cuando se realiza en “extrema periferia”, con lluvia, ventisca o tormenta, para llegar allí donde no llega nadie, donde los nepaleses de las montañas más precisan la asistencia médica, pero sin perder de vista las palabras de Homero, en la Iliada, porque los médicos y enfermeros tenemos claro que
Morir es el destino,
y cuando llega la hora del hombre,
ni aún los dioses pueden ayudarle,
por mucho que puedan quererlo.



No es fácil asumir este destino en nuestra sociedad de opulencia y desarrollo, de ocio y bienestar, de fiesta y vacaciones; quizás por eso sorprende la resignación y abnegación de los nepaleses del norte, que muchos occidentales explican por su religión. Aunque, siendo rigurosos, el budismo no es una religión, es una filosofía de vida. Sea como sea, saben valorar lo importante de la vida: los afectos y ayudar a los demás. Cuestiones poco valoradas en nuestro entorno y que, sin duda alguna, dan la felicidad. Quizás por ello, parecen sobrellevar los efectos que el terremoto ha causado en sus vidas. Como Nima, un hombre de Langtang, que perdió a su mujer, a un hermano y muchos conocidos en el terremoto, además de su casa y todo lo que había sido su vida, pero que no ha dudado en acompañarnos en esta “expedición humanitaria” para ayudar a otros a superar su destino, manifestando una bondad infinita, rezando horas y horas, haciendo de traductor del dialecto local durante la consulta médica en cada pueblo por los que hemos pasado. Nima es un gran hombre, un buen budista y una bellísima persona. Un buen budista, al mismo tiempo que entiende las cosas tal como son con inteligencia y sabiduría, está lleno de amor y compasión hacia todos los seres. De hecho, la compasión y la sabiduría están íntimamente ligadas a la forma budista de vida. Nima nos ha impresionado. Qué hombre tan piadoso, discreto,  dispuesto, tan amable. Llevarlo detrás cuando subíamos las cuestas de Gatlang, Tatopani, Thuman  o Briddim hacía que todo fuera más fácil; su "Om" continuado y repetitivo, musical, profundo, sentido, mientras pasaba las cuentas de su rosario te sumía en una especie de trance que te hacía subir un escalón detrás de otro sin casi notar el esfuerzo. 








miércoles, 11 de noviembre de 2015

DE COLEGIOS, NIÑOS Y NIÑAS

Hemos entregado equipamiento deportivo y juguetes en casi todos los colegios por los que hemos pasado. No estaban todos los niños porque son días de fiestas y festivales, pero los que estaban nos recibieron con mucha ilusión. La sección masculina del grupo se encargó de enseñarles a jugar a la petanca, béisbol, badminton y volei. Mientras que la sección femenina nos entusiasmamos con los niños pequeños y las niñas, que estaban alucinadas con los muñecos-bebé. Pero, hemos terminado jugando todos juntos.














Todavía se lleva lo del uniforme, gran cosa para minimizar las "diferencias" sociales y, de alguna manera, asegurar que todos disponen de un mínimo de ropa que, por otro lado, se aprovecha al máximo porque pasa de unos a otros.







Hablando con los profesores de Gatlang, Chilime, Thulo, Thuman, Khangjim,... todos han solicitado ayuda para los colegios. Por poner un ejemplo, el colegio de Thuman son ahora seis barracones de uralita donde hace un frío que pela: dos instalados por el gobierno de Nepal, dos por UNICEF y dos por Save de Children, del estilo del colegio de Thulo Syabru. El colegio está en la parte más alta del pueblo, con unas vistas magníficas y junto al antiguo cole, del que quedaba poco más que los cimientos, pero los barracones escasamente protegen de la lluvia y la nieve. Las necesidades en todos estos pueblos en lo que respecta a los niños: reconstruir el colegio, dotarlo de mobiliario y material, asegurar el acceso desde el pueblo, instalar placas solares y hacer unas letrinas. Casi nada; pero hemos prometido hacer lo posible para volver en primavera con el dinero que hace falta. Los niños de Thuman nos despidieron cantado “Resam Firiri”, una canción muy típica y conocida en Nepal: https://www.youtube.com/watch?v=wupWHgg9lng






Resham firiri, resham firiri
Udeyara jounkee dandaa ma bhanjyang
Resham firiri

• Like a silk ribbon/scarf flying freely in air, I wish to fly over the hills.
Ek nale banduk, dui nale banduk, mirga lai take ko
Mirga lai mailey take ko hoeina maya lai daukey ko

• One barrelled gun, two barrelled gun, targeted at a deer. It`s
not the deer that I`m aiming at, but calling my love."
Resham firiri, resham firiri
Udeyara jounkee dandaa ma bhanjyang
Resham firiri

• Like a silk ribbon/scarf flying freely in air, I wish to fly over the hills.
KukuroLai Kuti Kuti Biralolai Suri
• here this line is only to make rhyme with the second line that is actually add meaning to the lyric the words Kuti is used to call dogs and suri for cats 
Timro Ra Hamro Mayapirti Dobatoma Kuri
• You and I fell in love just by waiting at crossroads
Resham firiri, resham firiri
Udeyara jounkee dandaa ma bhanjyang
Resham firiri

• Like a silk ribbon/scarf flying freely in air, I wish to fly over the hills.
Aakash ma Jahaz, sadak ma motor na bhaye gada cha
Yo mana jasto tiyo mana bhaye tagati gada cha

• I can’t go in the sky, if not possible with car I have bull cart,
If you heart/wish is like mine those things are not hard,
Resham firiri, resham firiri
Udeyara jounkee dandaa ma bhanjyang
Resham firiri

• Like a silk ribbon/scarf flying freely in air, I wish to fly over the hills.
Saano ma sano gaiko bachho bhirai ma, Ram, Ram
• This line is also for make rhyme with following line, this line means a small calf on a cliff just we can pray for god....it is a kind of Nepali proverb,
Chodreh jauna sakena mailey, baru maya songhai jaum
• I could not go leaving you alone so my love let's go together.....
Resham firiri, resham firiri
Udeyara jounkee dandaa ma bhanjyang
Resham firiri

• Like a silk ribbon/scarf flying freely in air, I wish to fly over the hills.
Kodo charyo, makai charyo, dhan chareko chaina
Pachi, pachina nau kanchi manpareko chaina.

• I plant millet, I plant corn but paddy is not planted
Hey girl don’t come behind me because I don’t like you.
Resham firiri, resham firiri
Udeyara jounkee dandaa ma bhanjyang
Resham firiri

• Like a silk ribbon/scarf flying freely in air, I wish to fly over the hills.

(De https://www.facebook.com/highspirittrekking/posts/667097746637236)